Los días son todos iguales

Quisiera decir que después de que te dicen que estás limpia de cáncer se termina todo. Pero no es así. Ahora tengo que adaptarme a mi nueva vida, con un montón de cosas que ya no están, incluso con este que parece ser otro cuerpo; uno que cuando terminaron los tratamientos comenzó a envejecer con mucha prisa. Además descubrí que mi psique también está lastimada, el “trauma” que le dicen. Fue inevitable. 

Las últimas películas que he visto: Drácula y Frankenstein, me han hecho pensar en la vida eterna como el peor castigo para una persona que está sufriendo. Drácula estaba muy enojado con Dios porque le arrebató el amor, pero en realidad, yo creo que sólo estaba molesto consigo mismo, con su propia culpa. Morir y cerrar su duelo fue lo mejor que le pasó, pero una cosa no podía suceder sin la otra. 

Frankenstein (o la criatura) era despreciado por la sociedad debido a que era “feo” y asustaba a la gente; pero el primero en renegar de él y despreciarlo, fue su propio padre: el gran Víctor Frankenstein. Esa particular circunstancia le producía un sentimiento de soledad absoluta y, naturalmente, sabía que su dolor no tendría fin. Igual que a Drácula, la muerte le hizo ley del hielo.

Víctor, en su afán de ser el mejor, junto a su incapacidad para asumir el duelo de su madre, condenó a su hijo a un dolor permanente. Pero Guillermo del Toro, que en todas sus películas habla de la diferencia incómoda y la niñez, puso en boca del padre lo que la criatura (que ni siquiera tiene nombre propio) necesitaba escuchar. “Perdón”, pidió el Dr.  Frankenstein, y posteriormente le dio el consejo más sabio que alguien pudo dar: “Pues si sólo puedes vivir, pues vive” (más o menos ese es el sentido). 

Al  final de la película, la criatura es liberada y aparece una frase de Lord Byron (incitador de Mary Shalley) que se grabó en mi memoria: “Y así, el corazón se romperá, pero aun roto seguirá viviendo”, parece una sentencia y un curita al mismo tiempo. Me sacó una leve sonrisa. Creo que en otro momento esta película me habría hecho llorar mucho, pero esta vez me siento tan anestesiada, que pienso que si un día se me pasa este efecto, colapsaré. Si así, hay días en que ni yo misma sé qué pasa con mis emociones. Estoy triste y enojada con todo el mundo por todo lo que descubrí. Pero no puedo sino observar mi sufrimiento y atravesarlo. Es lo que hay.

Ya no hay más quimios ni radioterapia (por ahora) Pero mi cuerpo entró en menopausia de un día a otro, lo cual (hoy confirmé) es tremendo porque mi cuerpo no estaba preparado. Sé también que se minimizan estos cambios; sé que no se ha estudiado mucho, porque son “cosas de mujeres”; y ya nos habían tirado de locas desde antes. Sin embargo, debo decir que veo cosas muy distintas, de entrada, la vida va mucho más lento, aunque el mundo parece mantenerse en la misma velocidad; al menos, la gente alrededor sigue igual; una es el bicho raro que se queda atorado en la plasta del pasado. 

A veces me pregunto, cómo hacen las personas para superar los duelos en un parpadeo? De verdad necesito ese tipo de inteligencia emocional. Mi reino por una mente sin recuerdos, sin duelos eternos, ni ningún otro tipo de gusanos cerebrales. No puedo seguir siendo una niña lastimada; no puedo seguir siendo la hijita de mis padres; no puedo seguir anhelando un reconocimiento que nunca llegará, menos una disculpa, ni reparación de algo que ni siquiera se registra.

Debe haber otra manera. Alguna solución simbólica para romper el celofán del trauma. En alemán sueño se dice “traum” y se despierta. Curiosidades de la vida. Una se despierta aunque no salga del trauma? No lo sé. Recientemente vi que Guillermo del Toro decía en una entrevista que con Frankenstein estaba cerrando un ciclo. Lo sentí como algo bueno y me alegré por él. Aunque no tengo idea de lo que significa en su historia. Tampoco importa. Lo relevante es lo que yo puedo tomar de esto para mí misma y el dolor que cargo en mi cuerpo como la gran joroba que pocos ven. La imaginación y la empatía son dos palabras muy babeadas, pero poco practicadas. Si yo fuera Frankenstein o Drácula no tendría ni la menor idea de qué hacer con tanto tiempo libre, pero no soy, y tampoco voy a ser inmortal, así que tengo que moverme, aprovechar el día, cada rayito de sol, como si fuera el último.  Aunque me duela todo. Todo.

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