Revolución

Tierra y Libertad 

9 de Julio de 2025

Si este gobierno en verdad tuviera buena voluntad, ya me hubiera asignado una beca de escritura. Sería una bella forma de ayudarme, dado que me la he pasado re mal y lo único que me mantiene viva es la escritura. ¡Soñar no cuesta nada! En cambio, sólo me vigilan con lo que yo amablemente les comparto, luego me ignoran y al final, parece que me ponen más trabas por algo que simplemente es mi derecho, ni más ni menos. Es decir, que sólo siento que el Estado ha contribuido a violentarse más. Y cállate, cállate que les dañas el feminismo burgués y neoliberal. La mayoría de las personas nos tomamos muy mal los reclamos, pese a que se nos critique con tacto y justicia. Ya lo decía Sartre: “El infierno son los otros”, porque uno es perfectamente impoluto y rencoroso.

Hay una diferencia bien grandota entre saber y no saber. Hay quien sabe perfectamente lo que está haciendo y quien no. La gente que “sabe” se sorprendería si descubriera todo lo que los que están fuera de su círculo no sabe. La desigualdad de capital cultural en este país, también es tremenda. Por eso robarle al pobre no está bien, ni económicamente, ni culturalmente, ni de ninguna manera (Saludos a Salinas Pliego). Es abuso sobre abuso y ni siquiera haber sido pobre lo justifica. Es como dicen por ahí: “darse un balazo en el pie.” Y tal vez ya no duele, pero envilece.

Hace dos semanas empecé la braquiterapia. Tuve que volver a hacer la maniobra legal, pues se volvieron a tardar. Esta vez respondieron con una marometa, pero al final el abogado supo perfectamente qué hacer.  Se supone que es la última parte fuerte del tratamiento, no tengo idea de qué venga después. Me tengo que poner a investigar. De entrada, la próxima semana tengo laboratorios, tomografía de mi cabezota y cita con Mioncóloga Maravillosa. Tengo muchas ganas de descansar y llorar, porque no han sido días fáciles y no he tenido ni tiempo; los acontecimientos desafortunados han aparecido en cascada.

En paliativos me dijeron que con la braqui ya no iba a tener molestias, pero la verdad es que sí las tengo. Siempre me sorprendo, siempre suceden cosas que no tenía contempladas. Llegué el lunes 23 de julio a Morelos, el hospital está en Emiliano Zapata, diría que en medio de la nada, pero eso sería injusto con las escasas y humildes casitas de los alrededores, el hospital infantil, los albergues e incluso los negocios de comida instalados frente al hospital. Está zona de hospitales no se parece nada a la de Tlalpan, ni a los alrededores del Hospital 20 de Noviembre, se parece más al hospital de Tláhuac (y también la tratan a una bonito, aunque se entra con mucha más facilidad que en este último, que seguro por ser inmueble rentado está hípervigilado). 

Llegué a un Airbnb (que pagué con lo que la gente me donó) en el centro de Emiliano Zapata, a 10 minutos del hospital. Llovía a cántaros y todos los días posteriores hizo frío, lo cual agradezco porque con las molestias de la menopausia ya no soporto el calor. Era domingo, mi cita estaba programada para el día siguiente a las 7:00 a.m., mi madre sería la encargada de acompañarme, cosa que me apena mucho porque está cada vez más grande y yo debería ser quien cuidara de ella. No al revés. 

En la Ciudad de México me dieron varios estudios y papeles que tenía que entregar en Morelos, entre ellos un dibujo de los movimientos de mi corazón, no tengo idea de cómo se lee, pero me pregunto si alguien será capaz de interpretar todo lo roto que está. Me recibieron el radiólogo y sus médicos residentes, todos muy jóvenes y amables. Me volvieron a revisar, no me había tocado eso desde el 9 de mayo y siempre es muy incómodo, una se convierte en un cuerpo cuyas características hay que analizar, no importa la historia que hay detrás de tu nombre, tampoco cómo fue que llegaste a encontrarte en una situación así, nadie te pregunta mucho eso, a pesar de que podría ser relevante.

En el hospital no importa tu edad, si eres pudorosa o si tuviste una o más parejas sexuales, todos van a mirar y meterte mano porque es lo que hay que hacer. Tal vez te pidan disculpas antes, pero tal vez sólo lo hagan maquinalmente, tal como lo haría cualquiera que sólo te ve cara de expediente. Como quiera que sea, los tres médicos que exploraron mi vagina estuvieron de acuerdo en que no había actividad tumoral y que, efectivamente, era candidata para recibir braquiterapia inmediatamente porque ya había pasado mucho tiempo.

Luego, así como no queriendo la cosa, también me informaron que tendrían que modificar mis citas de la siguiente semana debido a que los anestesiólogos no irían. Maldije dentro de mí, porque ya había reservado el Airbnb por dos semanas y yo no quería estar yendo y viniendo de Cuernavaca, pues cuando te sientes mal, es un calvario. Suspiré y me consolé diciéndome que lo más importante era empezar ya mismo el tratamiento. Pero de cualquier forma estuve enojada hasta que pude resolverlo. 

Concluyendo la consulta, el Doctorsote y el Doctorcito (los residentes) me llevaron a la sala de braqui; ahí me recibieron Cosmo y Wanda los enfermeros más maravillosos que he conocido. Cosmo es casi siempre el encargado de canalizar y aplicar los enemas, lo hace con un respeto y cuidado impecables. La verdad es que todos ahí tienen buenas maneras para tratar con los pacientes, claro, seguro que también influye no atienden a tanta gente como en los hospitales de la Ciudad de México. 

Cosmo me contó que muchos egresaron de la misma escuela, donde les hacen incapié en la importancia de hacer el proceso de los enfermos lo más grato posible, puesto que lo que están atravesando ya es suficientemente horrible. Me lo contó uno de los días en los que yo estaba en la camilla recuperándome de la anestesia y él me acompañaba en el tránsito entre el sueño y la vigilia. Justo cuando yo lo bautizaba como mi padrino mágico. 

Le dio risa y eso le animó a compartirme que ese trato se debía a que era muy consciente de la importancia de la suavidad ante la aspereza de los tratamientos. Para algunos pacientes es más difícil que para otros, pero incluso para el personal de salud no deja de ser impactante. Le pregunté también por qué esa vez me habían hecho una tomografía.

-Siempre te la hacen. Es parte del procedimiento, me dijo. 

Sólo que yo no me había dado cuenta en ninguna de las dos veces anteriores, me quedé tan dormida que ni me enteré. Supongo que es para saber el lugar exacto donde tiene que ser aplicada la radiación, los físicos tienen que ser muy precisos con ese cálculo, pues intentan dañar lo menos posible otros órganos. 

Las primeras dos sesiones pasaron sin mucha pena ni gloria, el primer día sólo fue percatarme de lo bien que parece llevarse el equipo de braqui, de lo distinto del trato, la diferencia entre el número de pacientes y lo pequeño del pabellón. Antes de entrar al búnker caminé por el pasillo al ritmo de Luis Miguel y al salir abrí los ojos con Rammstein, prueba de lo democrática que puede llegar a ser una bocina. Las dos pacientes que me acompañaron en el pabellón de braqui también provenían de la Ciudad de México. No entendí como fue el procedimiento, salí completamente desorientada y adormilada. Aun así, me alcancé a dar cuenta de que la técnica de mis compañeras (cilindro) era diferente, a ellas no las sedaban.

Al día siguiente me tocaría descansar y volvería hasta el miércoles, cuando coincidí nuevamente con las señoras; aprovechamos la pasarela del enema para intercambiar experiencias y posar con nuestras batas azules descoloridas. La anestesia fue menos intensa para mí esa mañana, pero salí con mucha hambre directo a comerme mi lunch (¡me dieron uno!), luego fui a desayunar como se debe en los localitos que están afuera del hospital.

Un muchacho vendía tacos de todo; comí unos de no sé qué al carbón. Estaban buenos. Luego volvimos al departamento y me tiré a descansar en el sillón porque llevaba tres días con dolor de cabeza y estaba de mal humor. Miré mi celular para revisar si había algún pendiente y ahí fue cuando me explotó otra bomba de la que ya no quiero hablar. La izquierda que nos gobierna se ha puesto cada vez más rara. Pero diré que hay formas menos violentas de corregir y que nada justifica que paguen justos por pecadores, suponiendo que esta interpretación mía, sobre lo ocurrido, sea correcta. Aunque también tengo otras hipótesis. Luego volví a la Ciudad de México a resolver en una semana todo lo que ya se había complicado.


Tierra de espejos cuánticos 

10 de julio de 2025 

Ayer terminé la braquiterapia y debo decir que, a diferencia de cuando se acabó la radioterapia, no me siento del todo feliz. El lunes que volví a Morelos, tuve unos días muy impactantes y aún no termino de procesarlos. Había dos pacientes nuevas, la primera con la que platiqué, me contó que su yerno vive en Estados Unidos, sin papeles. ¡Qué terror! Y que la esposa de él, su hija, murió de una leucemia que le descubrieron demasiado tarde. ¡Doble horror! Afortunadamente el cáncer de esta señora no era tan avanzado como el mío y se veía muy bien, además, era su última braqui.              

Mientras a ella la pasaban al búnker, yo me quedé hablando con la otra paciente, que igual venía de Ciudad de México. Ella se veía bastante mal, muy delgada, con la piel ligeramente grisácea y angustiada. Me dijo que volvería a entrar a valoración, pues los residentes le habían detectado actividad tumoral. Indagando me enteré de que su cáncer era muy similar al mío. Por lo que me contó, más o menos estábamos en la misma etapa, pero ella no tenía claridad de eso, tampoco sabía cuántos niveles de enfermedad hay, lo cual me hizo recordar que en la sala de radioterapia, escuché que un señor le decía a otro que había como 14 etapas. Y yo no supe decidir si abrir mi bocota iba a ser mejor o peor. Entonces me puse a rezar, en mi mente.

Por lo que hablamos me di cuenta de que ambas sentimos la misma impiedad de los ganglios en las piernas; sólo que a mí me los extirparon en un hospital particular (donde mi hermana y yo nos gastamos nuestros ahorros) y a ella no. Su oncólogo tuvo que hacer una maniobra para que lograra llegar a la radioterapia más pronto, estas cosas se hacen porque si pasa demasiado tiempo, la única opción de tratamiento es quimio y un milagro.  

Ella terminó radioterapia el 2 de junio y el 7 de julio estaría empezando la braqui, había pasado poco más de un mes, le dieron la cita antes de lo que me la dieron a mí y ya no era candidata. Había sido demasiado tarde. Cuando llegué al ISSSTE, me dijeron que mi operación había sido una pesadez de lanza porque con los estudios de imagen, el doctor podía saber que no era candidata para cirugía, pero nunca he estado tan convencida de que haya sido un error. Coincidir con esta chica, me hizo sentir que la vida me estaba poniendo enfrente un espejo, yo estaba justo enfrente de otra de mis posibilidades. Ella era mi réplica. Volví a rezar en mi mente.

Ese mismo día, cuando llegué al hospital con mi mamá estuvimos escuchando la plática de otros pacientes en la sala de espera. Uno preguntaba qué era la simulación, porque él venía a eso. Luego quiso saber más sobre la radioterapia, si dolía, qué se sentía, etc. Una señora a su vera le explicó un poco con algo de impaciencia, luego otro hombre se ocupó de darle más detalles.

-A mí me quitaron todo el estómago, le dijo.

– ‘Orita me están dando radiación pa’ prevenir que regrese.

Yo pensé de inmediato que eso no podía ser posible porque no se vería tan bien como se veía. Pero me quedé con la duda de qué sería verdad. Esta semana salí muy triste del hospital, fue devastador emocionalmente y por eso hay algunos detalles que no quisiera compartir. Al menos no ahora. Me puse muy triste y estuve a punto de lágrima toda la semana. Excepto ayer, que caí en la cuenta de que lo más cabrón acababa de pasar. Que parece que sobreviví a otra pandemia, sólo que ahora estuve en el foco de infección. 

Mañana 13 de julio hace un año que me dieron el diagnóstico de cáncer. Sentí que flotaba en una nube espesa durante varios meses en los que todo fueron lágrimas. No me sorprende (aunque no lo justifico) que gente muy cercana haya decidido mantenerse a una distancia prudente, en vez de preguntar cómo podían ayudarme o si necesitaba algo, todo esto ha sido demasiado. Lo que sí me impresiona es que a alguien le pase exactamente lo contrario, que pese a ver el sufrimiento ajeno no sea capaz de tener tantita madre y pueda mantener sus intereses personales por sobre quien sea necesario. En verdad que nos hemos envilecido. Podrán llamarme pesimista, pero no podemos seguir sólo poniendo cara de boba de optimismo. Pero pese a todo: ¡Viva la vida!

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