29 de mayo de 1996 (2025)/ 9 de junio de 2025
Desde ayer he estado confundiendo los años a la hora de escribir la fecha, ayer fue 1995, hoy 1996. No tengo la menor idea de qué pasó en esos años, cuando yo tenía entre 9 y 10. Estoy segura de que estaba en primaria, tanto como lo estoy de que hoy estuve en el Ave Fénix. No, no estoy loca, en verdad existe el Ave Fénix. Hoy mientras estaba ahí pensé en el «Teatro sólo para locos» de Hermann Hesse. Si no mal recuerdo era un Teatro Mágico, la entrada costaba la razón. En este caso, el precio es algo parecido: fé, pero la fé no es racional, es el mecanismo o, más bien, la sustancia con la que está hecho un milagro. Cuando iba de salida una señora me tomó de la mano y me dijo: tienes qué tener confianza en Dios.
-Por supuesto -dije por primera vez en muchos años, casi segura de mis palabras.
No, el Ave Fénix tampoco es una secta, pero sí parece un lugar mágico, un oasis de mujeres sobrevivientes de cáncer que llevan 18 años reuniéndose una vez al mes para compartir saberes y experiencias sobre la enfermedad, pero sobre todo para compartir la vida. Se han agrupado en torno a Mioncóloga Maravillosa. Y no creo que sea casualidad que se reúnan al pie de un gigantesco y hermoso árbol de hule.
El imaginario habitual de un ave mitológica como ésa es un pájaro de fuego, sin embargo, lo que yo pude descubrir este día, es más parecido a un conjunto de palomas comiendo maicito en una plaza pública, van llegando de a poquito y a destiempo, cada una toma su lugar y cuando llega la doctora cierran el pico.
Luego preguntan si hay nuevas, nos reciben con amor, se acercan y nos abordan, o como hoy, que hubo convivio por el día de las madres y las maetas (la mayoría somos mujeres); cada una pasó al frente y tomó la palabra. Cuando me tocó a mí fui muy breve, no dije ni mi nombre, en parte porque no sabía qué decir, pero también porque llegué unos minutos tarde y no sabía qué dinámica llevaban. Aunque también pudo ser un lapsus.
Así me enteré que más de una ha tenido alguna recaída a lo largo de los años; que han sobrevivido incluso la vez que pensaban que no lo harían; que han hecho cartas de despedida, testamentos, incluso la limpieza general de la casa, previo a entrar en un quirófano. Algunas han perdido ya a toda su familia y por eso no fallan al Ave Fénix, pues ahí encontraron una nueva.
Laseñora Pelodefuego tenía dos hijos pequeños cuando le detectaron el cáncer y, por la misma época, a su marido le quitaron un pedazo de cerebro (no recuerdo por qué razón). Dice que estuvo muy enojada con la vida, que todavía lo está. Yo siempre digo que a mí todo lo malo me pasa, pero ahora sí me la ganaron. Julieta Blancanieves nos contó que perdió dos Romeos en diferentes circunstancias, luego dijo nunca más. Después fue perdiendo a toda su familia y le tocó ir a reconocerlos uno por uno. Al lado de todo eso ya no parece tan terrible mi historia. Sin embargo salí triste, muy triste.
Inevitablemente pensé que ya nunca voy a ser mamá y en que perder a mi sobrino fue como perder un hijito. ¡Vaya celebración del día de las madres! Tuve que disimular para no poner más triste a mi mamá, que casi se suelta llorando cuando le tocó pasar a presentarse. Y justo ahí fue donde a mí se me partió el corazón.
Las historias de las Ave Fénix son terribles, lo sé, pero también son historias de esperanza, todas ellas son mayores que yo por muchos años, vi algo muy especial en sus ojos: un disfrute genuino de la vida. La Señora Pelodefuego pronto se irá de viaje a Europa. Julieta Blancanieves tiene dos pretendientes en este momento. Todas ellas bailan, viajan y se reúnen al menos una vez al mes para compartir pan y vida.
Extraño mucho tener ese tipo de amistad donde una visita la casa del otro todo el tiempo y viceversa, esa donde el tiempo libre se comparte mucho, se es parte de todos los acontecimientos importantes, se celebran los cumpleaños, se mantiene comunicación constante sin temor a ser molesto, se acepta que el otro no es perfecto, que se enoja y tiene malas jetas, pero luego se le pasa. No sé en qué momento me convertí en un hielo individualista y ermitaño.
Escribir esta entrada me ha costado muchísimo. Mi corazón no está bien, pero mi cabeza tampoco. Desde hace unos días siento que cada vez se me va más el avión y que a veces de plano no entiendo algunas cosas. Podría decir que es un sentimiento conocido, porque cuando he tenido crisis fuertes de ansiedad, me pasa muy similar; sólo que no había generado mucha consciencia de ello.
Leí, creo que en Desmorir, que ese es un efecto secundario de la quimioterapia, me quedo pensando si efectivamente es la quimio o más bien del trauma. Me pregunto si hay algunos síntomas que se han considerado más como parte del medicamento y no tanto por la parte emocional que implica. Me pregunto también si será posible que uno viva su cáncer de acuerdo con la narrativa que tiene configurada previamente en la cabeza. Audre Lorde decía que cada mujer vivía la crisis de la enfermedad de acuerdo con la vida que había llevado. Eso me hizo cuestionarme seriamente en por qué tengo un impulso tan grande por escribir un diario y además hacerlo público.
Mi respuesta es que quiero que estos párrafos, aunque escritos mal y a la carrera, sean un mapa para otras personas, tanto por si yo sobrevivo, como si no. El saber suficiente sobre la enfermedad es ya una ventaja, el poder consultar varios médicos, es otra. Todo lo que yo sepa sobre esto no es algo que me pueda guardar sólo para mí; cuando alguien tiene cáncer no sólo afecta al paciente, sino a todos alrededor; algunos pueden con eso, pero otros no.
A propósito, estoy viendo una nueva especialista que me cuenta sobre las cuestiones emocionales que detonan los diferentes tipos de cáncer y es muy interesante, aunque de pronto me enoja que todo tienda a meterse siempre en cuadros estrechos. Las Ave Fénix están en un protocolo de investigación en la UNAM sobre cáncer y emociones, yo me separo un poquito porque por ahora estoy en mi face lavararia. Observo, me callo y aprendo. Lentamente. Ni siquiera me atrevo aún a asumirme como parte de ese grupo, aunque sé que eventualmente sucederá, una tiende a buscar manada, o parvada, como en este caso.
Quisiera involucrarme en todo lo que sea benéfico para mí en estos momentos, pero no tengo tiempo ni dinero suficiente. Me han contado varias personas sobre tratamientos alternativos que me interesan, de tener toda la vida resuelta, claro que me metería a todos, sobre todo porque de muchos nunca hay “todavía” suficientes estudios.
Lo mismo dicen del suplemento inmunocal, sin embargo, tomarlo a mí me hizo que no me pegaran tan duro los tratamientos. Lamentablemente, es caro y ahora mismo no lo puedo tomar debido a mis problemitas gástricos después de la radioterapia.
Me quedo pensando mucho y sí, atravesar el cáncer se siente algo así como meterse directo a las brasas del infierno, me acuerdo de Los caballeros del Zodiaco, mi favorito por supuesto era el Ave Fénix, luego me viene a la mente de nuevo Herman Hesse, un autor que no leo desde la adolescencia: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia dios, el dios se llama Abraxas”.

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