Burning down The Master´s House

2 de abril de 2025

Yo soy un pájaro al que le disparó el sistema, uno de muchos, por desgracia. No tenemos género, porque el género no existe, son los papás. Mi sangre alimentó lombrices y descubrí el modo de volver a la Vida como carne y como planta, como pinche flor en el asfalto embelesada con el cielo. Hoy fue un día durísimo, salí a las 8:30 de la mañana de casa de mis padres. El doble no circula nos jodió un poco los planes y tuvimos que maniobrar para tener un auto disponible, mi hermana de plano tuvo que irse al trabajo en camión, ni modo. Dos horas de ida y dos de regreso, más sus ocho horas de jornada laboral. ¿Han oído hablar del síndrome del burnout? A reserva de corroborar este dato, obtenido al vapor en Wikipedia, parece que no está reconocido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, aunque sí en el Europeo, de modo que quizá el servicio médico de Dinamarca sí, reconozca los “problemas asociados al empleo y el desempleo”, importantísimo para un gobierno preocupado por la clase trabajadora, que no desea sólo sonar bonito.

Mi hermana es quien más y mejor me cuida, pero trabaja mucho. ¿Alguien quiere pensar en los cuidadores? Es pesado, es difícil, es estresante, es mal pagado o de plano no pagado, implica descuidar el propio trabajo, la vida, en fin… muchas cosas. Hoy no quise que me acompañara mi padre porque también tiene que descansar, de modo que me acompañó mi tía, lo cual implicó que no fuera a trabajar, y como ella no tiene un empleo “formal”, pues evidentemente si falta no hay problema, pero no le pagan; de modo que yo sí tengo que pagarle por su acompañamiento; es importante hacer acuerdos justos con quienes tienen la disposición de cuidarnos, porque no cualquiera lo hace, ni lo hace de buena gana, así sea tu familia o tus grandes amigues. El cuidador también deja algo en el camino y hay que buscar la forma de compensar, lo cual yo creo que no siempre tiene que ser precisamente dinero, ¿por qué queremos creer que todo se arregla facturando?

Llegamos a las 9:23 al hospital, poquito más de media hora antes de que empezara la consulta, subimos al primer piso (Oncología Médica), había poca gente. Corrí a recargarme en la barra de recepción para esperar e interceptar a la enfermera de Mioncologa Maravillosa y avisarle que ya había llegado. Todas las enfermeras de los consultorios salen antes de las 10 de la mañana, con lista en mano, palomeando nombres de pacientes, si por alguna razón se te olvidó confirmar tu cita o no sabías que tenías que hacerlo, ya te metiste en un pedo. Que tiene solución, pero te vale un par de regaños. Con Misobrino Bebéhermoso aprendimos que es vital hablar con otros pacientes, te orientan, te apoyan, etc. Por eso no me pasó lo de la cita, pero lo he visto. 

Fui la primera en pasar a consulta, Mioncologa Maravillosa es siempre impecable: nos recibe, nos invita sentarnos, presenta a su equipo de estudiantes, cada uno me explica algo diferente, me hacen una exploración general, me miden, me pesan, me preguntan cómo me he sentido, me hacen recomendaciones para las molestias de la radioquimioterapia, me preguntan si yo o mi acompañante tenemos alguna duda, si es así nos explican con mucha paciencia y claridad. Entre todos valoran mi estado de salud y, con base en mis estudios de laboratorio, me dicen si puedo pasar o no a mi quimioterapia. Hasta ahora no me han detenido, pero si hubiera algo “anormal” en los estudios, no podría pasar, sería exponer mi vida y arriesgarme a alguna complicación. 

Salí del consultorio a las 10:20, aproximadamente, tardaron alrededor de una hora en llamarme a la Sala de Tratamientos (que está justo enfrente). En este ciclo de quimio, cuando me pasan a venoclisis primero me hidratan, Mioncologa Maravillosa me explicó que eso es necesario, ya que el Cisplatino es más agresivo con la función renal  y “el agua AGUA” ayuda al buen funcionamiento del riñón. Entonces, me hidratan, tomo mucha agüita simple, me como el lonche que me pone mi hermana y espero a que llegue mi medicamento desde el Centro de mezclas; cuando vemos llegar a Don Mezclitas (un señor con hielera), los pacientes nos ponemos recontentos, porque por lo regular, se tarda. 

Alguna vez que ya estábamos desesperadas, a mi hermana y a mí nos explicaron que es así principalmente por dos cosas: falta de personal (cuando son vacaciones o hay algún evento con el Director General) o porque hacen malabares para evitar desperdiciar el medicamento, lo cual implica una organización tremenda. Hoy de plano, sí se pasaron de lanza. Entré a la Sala de tratamientos cerca de las 11:30, pero mi cisplatino llegó casi a las 3:00 p.m., salí a las 4:00. Mi tía y yo salimos corriendo para poder comer algo rapidísimo porque mi radioterapia era a las 4:45 p.m. Llegamos rayando. Extrañamente no había mucha gente, igual que en Oncología Médica, y el servicio ya se había reanudado, ¡por fortuna!

Hoy tocó despedida. Una señora que vi varias veces en la sala tuvo su último día de tratamiento, una mujer alta y delgada, de “las gemelas”, les puse así en mi mente porque siempre iban juntas y se parecían mucho. Nunca tuve oportunidad de platicar con ellas, pero me daban mucha curiosidad. Cuando ella salió de la nave espacial, se puso en el centro de la sala para decir en voz alta que era su último día, que habían sido 35 radioterapias y otras cosas más, que fue muy difícil, pero que ya estaba dada de alta, que nos deseaba lo mejor y que no nos rindiéramos, luego sacó de una bolsa galletitas y botellas de agua, comenzó a repartirlas a todas las personas en la sala. Yo quería llorar, pero me aguanté. Eso sí, le di un abrazo y le deseé buen camino. 

La primera vez que presencié cómo eran las despedidas de los pacientes, se me puso la piel chinita, porque una mujer muy joven, quizá un poco más que yo, llegó muy arreglada, y cuando salió nos compartió igual, que era su último día, nos regaló a todos una pulsera de San Benito. Yo siempre tan atea, he empezado a entender cosas importantes. Luego otra señora más hizo lo propio y nos regaló a todos una alegría. Yo ya sentía que era uno de los días más bellos de mi vida, porque no quedó ahí. Un señor de pelo cano, no se despidió todavía, pero nos leyó un texto que había escrito sobre lo que sintió al recibir el diagnóstico de cáncer, que se parece mucho a lo que yo experimenté: una sensación de flotar en algo raro, un miedo que te lleva a lugares en los que nunca habías estado antes. Hoy una de mis vecinas de quimio me dijo que ella nunca tuvo miedo, a mí me dio un poco de envidia. Ojalá que «la gemela» llegue con bien a casa y que el cáncer nunca vuelva a su cuerpo, lo deseo de todo corazón. 

Audre Lorde en Los diarios del cáncer dijo que esta enfermedad trae a la persona una crisis de acuerdo a la vida que llevó. Yo he tenido varias epifanías, he aprendido a mirar la vida desde otro punto de vista, como dice Rafa Mondragón. Lamentablemente, las ideas no siempre se mueven del mismo modo en la cabeza, algunas están muy arraigadas. En el hospital, por ejemplo, siempre me dicen señora, algo que nunca me había pasado de esa forma; constantemente asumen que estoy casada, sospecho que es por mi edad y por mi cabello corto, pues esto no me pasaba tanto cuando tenía el cabello largo. No me molesta que me digan señora, me vale un poco, tampoco que ya me siente, porque en el hospital todos rogamos por una silla, pero sí al final si puede ser molesto que las ideas no se muevan ni un ápice y se asuma que la vida es de una sola manera.

Hoy mientras esperaba en la puerta para pasar al baño, se acercó una persona y me preguntó si era la fila para el baño, le dije que sí y se formó detrás de mí, luego llegó una señora mayor, tratando como de no vernos a ninguna de las dos, hasta que finalmente nos preguntó si estábamos formadas. Dijimos que sí, pero no fue suficiente para la nueva, tuvo que preguntarle a la persona que estaba detrás de mí: ¿Pero que usted no es hombre? La verdad es que no pude evitar molestarme y sí le puse una jetota detrás de mi cubrebocas, le respondí: “Ella está formada y va a pasar”, a lo que la persona detrás de mí agregó: “Punto”. 

No sé sí fue correcto que usara el pronombre “ella”, me sentí un poco idiota. Pero por qué seguimos creyendo que las personas se tienen que ver “como hombre” o “como mujer”, como si en vez de personas fuéramos galletas cortadas igualito. No, no somos galletas, aunque usted quiera verlas en todas partes. Por eso digo que el género son los papás más horrendos, siempre tratando de meter en cintura a todo el mundo. Cómo se viste, cómo camina, cuál es su preferencia sexual, ¡qué nos pinches importa! Ni siquiera creo que nuestra duda nos dé derecho hacer preguntas incómodas para los demás.

 Se abrió la puerta y yo me tuve que meter porque literal me estaba meando, pero alcancé a escuchar que la discusión no paró ahí, un hombre defendía a la señora mayor, argumentando que «le había preguntado bien», qué por qué se enojaba. El enojo marca un límite. No, no creo que la pregunta tuviera buenas intenciones, era totalmente innecesaria, sobre todo porque es un baño al que sólo puede entrar una persona a la vez. De todo esto, concluyo que Audre tenía razón, el cáncer trae la crisis de acuerdo a la vida que cada quién llevó. Tal vez también a los padres que cada quién tuvo y que nunca le dejaron ser.


P.D. Se me ocurre que cómo ya hay estudios que demuestran que la contaminación no mejora con el Doble hoy no circula y además, coincidentemente, las dos veces que he ido al hospital en ese día, hay muy poca gente. Se podría crear una ley que permitiera hacer home office una vez a la semana de manera escalonada; se reduce el uso del auto, se agiliza el tráfico, la gente no pierde tiempo precioso en traslados, puede ver a sus hijos, NO SE LE EXTIENDE el horario laboral por ningún motivo. En fin, es una idea que se puede perfeccionar. Sigo pensando que hemos desaprovechado cosas importantes que nos fueron reveladas en pandemia. Pero pues hay que cuidar el dinero de los empresarios, verdá, siempre. Facturar, facturar.

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